"Sentido y sensibilidad" regresa en 2026 con Daisy Edgar-Jones como Elinor Dashwood

La directora Georgia Oakley llevó de nuevo a la pantalla la novela de Jane Austen con un enfoque que prioriza la relación entre las hermanas Elinor y Marianne Dashwood sobre los romances. Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles encarnan a las protagonistas en una versión de tono naturalista, rodada en paisajes abiertos y espacios sin el lustre de las adaptaciones clásicas. El guión es de Diana Reid.
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La nueva versión de "Sentido y sensibilidad" arranca con la muerte del padre de las Dashwood. La propiedad familiar queda en manos del hermanastro y las mujeres deben mudarse a una vivienda más modesta, situación que expone la dependencia económica que marcaba la vida de las mujeres en la Inglaterra de la Regencia.

Georgia Oakley eligió un registro visual alejado de los salones elegantes asociados al género. Los exteriores predominan: campos abiertos, playas, paisajes con barro y viento. En ese entorno, Elinor dibuja o lanza piedras al agua para encontrar calma, mientras Marianne se tiende en el campo o corre por la orilla. La naturaleza funciona como el único espacio donde las protagonistas pueden escapar, aunque sea por momentos, de las expectativas sociales que pesan sobre ellas.

El guión de Diana Reid trabaja la diferencia de temperamento entre las dos hermanas sin convertirla en antagonismo. Elinor contiene sus emociones; Marianne las expresa sin filtro, lo que la expone más al sufrimiento. Pero la película muestra cómo esa brecha no las separa sino que las acerca: cada una aprende de la experiencia de la otra.

Daisy Edgar-Jones contó que terminó de comprender a Elinor al compartir escenas con Esmé Creed-Miles, con quien tiene amistad previa. Esa conexión personal se traduce en pantalla en una complicidad que, según la propuesta de Oakley, es el verdadero eje de la historia, por encima de los vínculos románticos.

Los personajes masculinos también reciben una lectura nueva. Herbert Nordrum construye al coronel Brandon desde la torpeza y la dificultad para expresarse, sin la solemnidad de versiones anteriores. Frank Dillane, como John Willoughby, acentúa sus aspectos más cálidos sin ocultar las decisiones que dañan a Marianne.

El resultado es una adaptación que no compite con sus predecesoras sino que propone una entrada distinta al texto: menos pendiente del romance y más atenta a cómo dos hermanas se sostienen mutuamente cuando las circunstancias económicas y sentimentales se vuelven adversas.

¿Qué es lo que hace que una historia escrita hace más de dos siglos siga resonando hoy? ¿La fragilidad económica de sus personajes, los vínculos familiares o algo más difícil de nombrar?

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