Cómo la inteligencia artificial hace más difícil detectar estafas digitales
Durante años, un correo con mala ortografía, una traducción torpe o expresiones ajenas al español rioplatense funcionaron como señales de alerta ante un posible fraude. Los modelos de inteligencia artificial generativa cambiaron ese panorama: hoy es posible producir textos prolijos, adaptar el tono de un mensaje y corregir errores en segundos, sin que un operador dedique tiempo a escribir manualmente cada respuesta.
A eso se suma la síntesis de voz. Herramientas capaces de generar audios a partir de grabaciones previas permiten imitar la voz de una persona conocida con pocos segundos de muestra. En el contexto de una estafa, eso puede traducirse en un audio de WhatsApp que suena como un hijo o un nieto pidiendo ayuda urgente.
La automatización también amplía el volumen de los intentos. Sistemas basados en inteligencia artificial pueden mantener conversaciones, responder preguntas y ajustar los mensajes según las respuestas del interlocutor, sin intervención humana permanente. Lo que antes requería un equipo de operadores hoy puede escalarse con recursos mucho menores.
Estas capacidades potencian maniobras que ya existían. El mensaje desde un número desconocido que simula ser un familiar, el llamado de un supuesto operador bancario alertando sobre una transferencia sospechosa, o el pedido de un código de verificación disfrazado de trámite son esquemas de ingeniería social que llevan años circulando. La diferencia es que ahora el engaño puede llegar con menos errores, en mejor español y con una voz sintética que resulta difícil de distinguir de la real.
Frente a esto, los especialistas en ciberseguridad señalan que la verificación por un canal independiente sigue siendo la barrera más efectiva. Si llega un mensaje desde un número nuevo que dice pertenecer a un familiar, conviene interrumpir esa conversación y llamar al número que ya estaba guardado, o consultar con otro integrante de la familia. Lo mismo aplica para los llamados bancarios: colgar y contactar a la entidad desde su aplicación oficial o el número impreso en la tarjeta reduce el riesgo de manera significativa.
Los códigos de verificación que llegan por SMS o por WhatsApp no deben compartirse con nadie bajo ninguna circunstancia. Esos códigos existen precisamente para confirmar que quien accede a una cuenta tiene el teléfono en su poder. Compartirlos equivale a entregar las llaves de la cuenta.
También conviene desconfiar cuando una conversación, independientemente de su origen, deriva en instrucciones para instalar aplicaciones, compartir la pantalla del teléfono o mover dinero hacia otra cuenta. El hecho de que el interlocutor conozca datos personales reales, como el nombre completo o el número de documento, no garantiza que sea quien dice ser: esa información puede provenir de filtraciones o bases de datos comercializadas de forma ilegal.
¿Alguna vez recibiste un mensaje o llamado que te pareció sospechoso? Contanos cómo lo detectaste.
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