De dormir en la calle a abrir su propia rotisería en dos años y medio
Ezequiel Banegas hizo el viaje desde Azul hasta Neuquén a dedo, en dos días, con la ropa puesta y sin destino fijo. Era febrero de 2024. Las primeras noches las pasó en la calle. Para soportar el frío, pidió ayuda en un grupo de Facebook: necesitaba una carpa. Un vecino llamado Raúl respondió y le acercó una carpa, una almohada y un acolchado.
Esa ayuda le permitió sostenerse mientras buscaba trabajo. Poco después encontró lugar en un refugio de la calle Belgrano al 2500, donde recibió acompañamiento para reordenar su vida. "Me ayudaron muchísimo a reintegrarme a la sociedad. Me sirvió para salir adelante", recordó.
El primer empleo estable llegó en el área de mantenimiento de una empresa de logística. Luego pasó a un corralón en Cipolletti, donde empezó como vendedor y terminó como jefe de ventas. Esa experiencia, dijo, le dejó herramientas que usaría más adelante.
La cocina siempre estuvo en sus planes. Con solo dos hornallas, un horno que no funcionaba y una heladera pequeña, comenzó a preparar tortas fritas, chipá y bolas de fraile para vender en el Paseo de la Costa. Cuando la demanda creció, sumó pizzas, empanadas y hamburguesas. Cada producto nuevo se incorporó a medida que pudo invertir y responder a los pedidos.
Las redes sociales fueron parte del crecimiento. Arrancó con 15 seguidores en Instagram y se acercó a los mil. "Creció mucho todo en tan poco tiempo, eso es lo que me sorprende", reconoció.
Durante un año ahorró para poder abrir un local. "Todos los meses trataba de guardar algo. Me privé de muchas cosas", contó. El espacio que encontró quedaba a metros de su casa, en Mitre y Correntoso, barrio Mariano Moreno. Lo llamó La Fonda.
El local abrirá de lunes a domingo excepto los martes, en dos turnos: mediodía (12 a 15) y noche (20 a 23.30). La carta incluirá hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas y burritos. Más adelante proyecta sumar un menú diario al mediodía.
Ezequiel no ve la apertura como un punto de llegada. "Mi sueño es abrirme un bodegón, con platos abundantes y precios accesibles para las familias. Pero vamos de a poquito, paso por paso", dijo.
Lo que más le importa, afirmó, es que quienes entren al local perciban el esfuerzo detrás de cada plato. "Quiero que mis clientes, cuando vengan a comprar acá, sientan eso", concluyó.
¿Conocés alguna historia de emprendimiento que arrancó desde cero? Contala en los comentarios.
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