El metro cuadrado sube y los departamentos chicos con amenities ganan terreno
Comprar un departamento grande es cada vez más difícil. El valor promedio del metro cuadrado en la Ciudad de Buenos Aires pasó de 1.376.688 pesos en enero a 1.584.840 pesos en julio, un salto de casi 15% en siete meses, según el Instituto de Estadística y Censos porteño. Para diciembre, estimaciones del sector proyectan que ese valor podría trepar a 1.874.364 pesos por metro cuadrado.
Si se suman gastos generales, honorarios y tasas, el costo integral de construir llegó a 2.286.170 pesos por metro cuadrado en julio, con un alza acumulada de 14,61% en el año y de 23,37% respecto a doce meses antes, de acuerdo con la Asociación de Pymes de la Construcción de la Provincia de Buenos Aires.
Frente a ese panorama, los desarrolladores encontraron una salida: unidades más chicas, pero con más servicios compartidos. Gimnasios, terrazas, parrillas, salones de usos múltiples y espacios de coworking pasaron a ser parte de la propuesta estándar en los edificios nuevos. La lógica es simple: si el metro cuadrado propio cuesta más, el metro cuadrado compartido lo compensa.
"Es un ticket que puede alcanzar el que quiere salirse del mundo del alquiler y entrar por primera vez en el mundo de ser propietario", explicó Juan Manuel Tapiola, CEO de Spazios. El empresario señaló que la demanda de monoambientes creció precisamente por esta razón, y que la tendencia no es exclusiva de Argentina: la caída de la natalidad, el aumento de hogares unipersonales y el crecimiento de los divorcios empujan en la misma dirección. "Tenés cada vez más gente sola o gente únicamente en pareja sin hijos, que el monoambiente responde a eso perfecto", agregó.
Valeria Damiani, arquitecta especializada en el segmento, describió cómo cambia la manera de pensar los proyectos: "El aumento del valor del metro cuadrado, las nuevas formas de habitar las ciudades y los cambios en la composición de los hogares impulsaron un mercado en el que las viviendas compactas ganan protagonismo." Para Damiani, la clave está en que el edificio deja de ser un contenedor de unidades y pasa a funcionar como una red de espacios. "Quien adquiere una unidad de 40 m² incorpora otros cientos, e incluso miles, de m² de uso compartido que amplían las posibilidades de vivir, trabajar, hacer ejercicio, disfrutar del aire libre o reunirse con otras personas", detalló.
Las ventajas económicas del formato también incluyen menores expensas, menor consumo energético y diseños que eliminan superficies de circulación innecesarias.
¿Cambiaría usted metros propios por más amenities, o prefiere el espacio aunque cueste más?
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