Avatares de IA reemplazan actores en la industria del contenido adulto
La inteligencia artificial puede construir una persona de cero: rostro, voz, personalidad y capacidad de respuesta. También puede tomar la imagen de alguien real y producir un clon digital que permanezca activo de forma permanente. Ambas posibilidades ya se aplican en la industria del entretenimiento adulto, que históricamente fue uno de los primeros sectores en adoptar nuevas tecnologías de consumo audiovisual.
El cambio tiene consecuencias directas sobre el modelo de negocio. En plataformas donde los propios creadores producen y venden su contenido, la IA introduce una variante nueva: el creador puede dejar de producir pero autorizar que una versión artificial de sí mismo continúe interactuando con suscriptores. En lugar de vender tiempo o presencia física, convierte su imagen en un activo digital que no envejece, no se cansa y responde en cualquier momento del día.
Algunas creadoras y actrices ya licencian sus dobles digitales para mantener ingresos después de retirarse. El avatar no requiere que la persona esté disponible: puede generar contenido y mantener conversaciones de forma automatizada. "La inteligencia artificial ya puede crear actores pornográficos que nunca existieron y clones sexuales de personas reales disponibles las 24 horas", señaló el especialista en tecnología Tomás Balmaceda.
Una plataforma que combina inteligencia artificial y contenido erótico, definida por su fundador como la confluencia entre una red de creadores y un sistema de IA conversacional, reporta unos 400.000 usuarios y 250 creadores, con una proporción del 90% de mujeres. Las suscripciones van de 5 a 30 dólares mensuales, pero cerca del 60% de los ingresos proviene de los chats privados: los usuarios no pagan solo por ver fotos o videos, sino por conversar con el personaje.
Durante 2023, una de las principales plataformas de contenido de creadores pagó 6.600 millones de dólares a sus usuarios. En la Argentina, el mercado mostró caída en el consumo durante los últimos meses, afectado por la variación del dólar y la demanda.
El modelo también plantea riesgos. La misma tecnología que permite construir un avatar con consentimiento puede usarse para fabricar contenido con la imagen de alguien que nunca lo autorizó. Los llamados deepfakes no consentidos ya tuvieron casos documentados en Argentina, incluso en colegios y espacios de trabajo. Balmaceda señaló ese riesgo como una de las aristas más urgentes del avance de estas herramientas.
La pregunta de fondo excede a la industria adulta: si una versión digital de una persona puede trabajar, responder y generar ingresos de manera continua, ¿quién tiene el control sobre esa identidad y qué valor tiene cuando la persona real ya no está activa?
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